.

El Directorio del Centro de Egresados y Amigos del Físico, accediendo a numerosas solicitudes, invita y ofrece a sus asociados publicar sus creaciones poéticas  en esta página, para lo cual hemos abierto una sección especial para dar a conocer los trabajos de quienes  así lo deseen. 

 

Esta convocatoria pretende brindar  una plataforma pública donde nuestros colegas y amigos del Físico puedan  dar a conocer sus creaciones artísticas.  

Requisitos:

Ser egresado de la carrera de Educación Física del actual Defder  de la Umce, o del  Instituto de Educación Física de la U. de Chile o tener la condición de “amigo” del Ceyaf,  estar inscrito en sus registros   y encontrarse  al día en el pago de las cuotas anuales del Ceyaf.

Los trabajos deben ser enviados al correo:   

profe.cavassa@gmail.com

Cada interesado podrá enviar hasta  2 poemas cada mes, los que serán publicados de acuerdo a la cantidad de trabajos recibidos.

Los poemas pueden ser inéditos o creaciones ya publicadas. Si hubiesen sido publicadas, indicar en que medio y  año  y si fue en un concurso agregar  si obtuvo distinción.

En su primer envío indicar el nombre completo,  institución formadora,  año de egreso y una fotografía para incorporarla junto a sus poemas.

 

"ALLÁ  POR  CUREPTO"

Poema escrito por el profesor Ricardo Altamirano Aravena

egresado de la promoción de 1968 del I.E.F. (U. de CH.)

Ganador del concurso 2016, "Cuentos y Poemas del Mundo Rural"que anualmente organiza FUCOA, organismo de Comunicaciones y Cultura del Ministerio de Agricultura. Más antecedentes en fucoa.cl

 

Yo fui profesor rural 

por El Queñe, allá en Curepto,

debo decir al respecto

como balance final,

no lo hice nada de mal

en ese duro trabajo,

estuve pelando el ajo

casi dos años seguidos,

de esos tiempos no me olvido

ni reniego por lo bajo.

 

Debo contarles  primero

que fui ”Maestro Ciruela”,

hice de todo en la Escuela,

fui Director, cocinero,

auxiliar y hasta enfermero,

enseñaba el silabario,

celebraba aniversarios

de la historia con sus fiestas,

también las sumas y restas

eran mi trabajo  diario.

 

Con mis alumnos salía

a hacer largas excursiones,

repasábamos lecciones

que en la sala se aprendían

y en grupos se competía

sin trampas  y sin rencillas

haciendo listas  sencillas

de árboles y matorrales,

también aves y animales,

plantas, hojas y semillas.

 

La Escuela era una casona

de adobes y  pastelones,

se paseaban los ratones

corriendo, haciendo maromas

y lo que digo no es broma

para rematar el cuento,

había pulgas por cientos

que picaban noche y día

con saña y alevosía,

era terrible el tormento.

 

Sin baño ni agua corriente,

sin luz, con pocas ventanas,

fue tarea de semanas

dejarla decentemente,

trabajando duramente,

sacando mugre a montones,

limpiando bien los rincones,

tapando los agujeros

y haciendo de carpintero

arreglé hasta los  portones.

 

El pueblo estaba cercano,

caminos casi no había

así que todos los días,

en invierno o en verano,

a levantarse temprano

y ponerse a caminar,

con gran cuidado avanzar

para cruzar un estero

o atravesar los potreros,

la cuestión era llegar.

 

No faltaba el buen vecino

que un  caballo me prestaba

de este modo se alegraba

y se acortaba el camino

llegando pronto  a destino

y corriendo como cuete

alardeaba de jinete,

llegaba al pueblo volando

y  no lo estoy inventando,

me ponían nota siete.

 

Aprendí a cazar conejos

con trampas originales,

a distinguir los zorzales

y tórtolas desde lejos

y escuché sabios consejos

de los viejos campesinos,

esos chispeantes, ladinos,

al lado de un buen fogón

en grata conversación

y compartiendo un buen vino.

 

Siempre  las tengo presente

y a  mi memoria aferradas

historias nunca olvidadas.

Amigable  era la gente,

solidaria y diligente,

de palabras verdaderas,

generosas  y sinceras

que ayudaron a salir

de apuros y no sentir

la soledad traicionera.

 

Si no fue color de rosas,

el recuerdo es el mejor.

Aún conservo el sabor

de situaciones hermosas.

Allí  aprendí muchas cosas

que atesoré y he guardado,

aunque el tiempo haya pasado

de nada yo me arrepiento,

es  verdad, ciento por ciento

todo lo que he relatado.